martes, 15 de julio de 2014

Parada y fonda. Entrenamiento en Cedrillas (Teruel)

Hoy es un día triste para mí. Definitivamente, y tras sufrir más de la cuenta en los últimos entrenamientos y pruebas en las que he participado, he decidido no acudir al Trail del Aneto, donde estaba inscrito para participar en el Maratón de las Tucas.

No he sido capaz de prepararme físicamente para la prueba y estoy completamente fuera de peso y de forma. Y mentalmente no estoy mucho mejor, sino más bien todo lo contrario. De manera que he decidido no ir a padecer inútilmente y liquidar los últimos restos de ánimo que me quedan entre las montañas pirenaicas.

Y no sólo eso, sino que he decidido hacer un reset, como mínimo hasta septiembre. Y entonces ya veremos. Ahora mismo no encuentro ni la motivación ni el espíritu necesario para hacer borrón y cuenta nueva y volver a empezar.

La sensación de abatimiento y derrota es total, y sólo espero que tras desconectar de todo esto de los entrenes, las carreras y la autopresión a la que nos sometemos algunas veces sin darnos cuenta de las cosas más importantes que vamos dejando a un lado (al menos yo en mi caso), sólo espero como digo, que algún día vuelva a sentir la necesidad de ponerme unas zapatillas y volver a salir a trotar por las montañas. Ahora mismo no la siento, pero confío en que algún día esa sensación volverá.

Por lo demás este fin de semana estuvimos en Cedrillas (Teruel) haciendo un entrenamiento en altura para subir al Pico Peñarroya, de unos 2.020 m de altitud siguiendo la preparación para el Aneto.


En primer lugar gracias a Javi Moreno y Carmen Pérez por cedernos la preciosa casa que tienen en este bonito pueblo turolense para que nos metieramos allí la tribu Run Mountain que acudimos a la cita. Y gracias también a Juan Chiner por el detalle reservado en Mora de Rubielos, del que dimos buena cuenta durante el fin de semana.


El ambiente, como siempre, fenomenal. Algo tiene este club y su gente que cuando nos reunimos acabamos pasándolo siempre en grande.

En cuanto al entrene en si, una delicia. Fantástica la ruta, los paisajes, el entorno... todo excepto las nefastas sensaciones con las que acabé, desfondado a los 24k y convencido de la decisión que antes he comentado.


Y esto es todo por ahora. Confío en encontrar nuevas fuerzas y espíritu pasado el verano. Mientras tanto se cuelga el cartel de "Cerrado por vacaciones".

Salu2.

martes, 17 de junio de 2014

Cuando 80 km no son suficientes. Sendextrem 2014

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Aviso: la ocasión lo merece, pero este viaje me ha salido tocho-post. No digáis que no lo advertí ;)
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Este fin de semana estaba marcado a fuego en mi calendario. Tenía previsto participar en el Sendextrem 2014, la prueba organizada por el equipo con el que tengo la fortuna de compartir alegrías y penas, Run Mountain y bajo la batuta de Javi Garrucho dirigiendo la orquesta.

100 km que atravesaban una buena parte de esa maravilla que tenemos tan cerca de Valencia como es la Sierra Calderona, con un desnivel positivo acumulado de casi 5.000 m a realizar en dos etapas. La primera salía de Gilet y acababa en Gátova, tras pasar por Segart, Serra, Olocau y Marines Viejo, con 58 km de recorrido aproximadamente. La segunda etapa vuelta desde Gátova a Gilet, previo paso por Serra con unos 42 km de recorrido.

La aventura se antojaba épica, y desde luego no era para menos. Jamás había superado la barrera kilométrica del maratón, tanto en asfalto como en montaña, y este reto ponía ante mí algo diferente a todo lo realizado hasta ahora.

Así que una cálida mañana de 14 de junio, a las 6:00 de la mañana, empezaba el desafío.


Día 1-Tramo 1: Gilet-Serra

A las 6:15 encarábamos los primeros pasos de esta aventura. Nos dirigimos desde Gilet hacia Serra, previo paso por Segart, donde hicimos la primera breve parada para refrescarnos un poco y seguir nuestra ruta. Desde Segart hacía el Garbí y finalmente dirección Serra, pero no sin antes hacer una escala en el conocido bar Chaparral. A estas alturas el sol ya iba pegando con ganas, y el avituallamiento en este bar fue todo un oasis en nuestra ruta.
A la llegada a Serra pudimos almorzar y reponer fuerzas gracias al avituallamiento que los voluntarios habían preparado. Tras reponer fuerzas y descansar un rato reanudamos nuestro camino con 23 km ya consumidos. Olocau era nuestro próximo destino.


Día 1-Tramo 2: Serra-Olocau

Empezábamos la que se antojaba que iba a ser la parte más dura de la jornada, el tramo entre Serra y Olocau comenzando por la subida a Rebalsadores. Ya superada la primera parte de la mañana el sol hacía mella en nuestro esfuerzo, y la temperatura era tórrida aunque afortunadamente la brisa, en los breves momentos que hacía su aparición, nos ayudaba a refrescarnos aunque fuese mínimamente.
Además de la distancia entre ambas poblaciones que por la ruta prevista era de 17 km, teníamos que atravesar, como ya he dicho, Rebalsadores en nuestro camino. Este es el punto más alto de nuestra jornada, y eso ya hace el tramo difícil de por si. Pero además de eso llevábamos retraso en nuestro horario previsto, y la subida comenzó algo después de las 13:00, con un calor ya importante.
El resto de la ruta, sin presentar grandes dificultades por el terreno, si que se hizo muy duro por las condiciones climatológicas. La llegada a Olocau se hizo de rogar, y por más que queríamos ver aparecer el pueblo tras cada curva en el camino, nunca terminaba de aparecer ante nuestros ojos.
Al final llegamos a nuestro objetivo y completamos este tramo. Eran ya 40 km y el cansancio empezaba a pesar en las piernas.

Día 1-Tramo 3: Olocau-Marines Viejo

Tras la comida en Olocau, reponer fuerzas y rellenar nuestras mochilas y bidones de agua, salimos a enfrentarnos al tercer tramo, entre Olocau y Marines Viejo. En principio este tramo era más sencillo que el anterior, más corto y no debía de presentar demasiados problemas. Aquí es donde yo empecé a sentir los primeros problemas en mis pies. Los notaba hinchados y cada paso era doloroso, sobre todo en las bajadas, ya que el dolor era originado no tanto por las ampollas, que creo que aún no tenía, sino por el mal ajuste de mis zapatillas que machacaba la punta de mis dedos una y otra vez. Además de esto el calor era ya muy intenso, y no veíamos el momento en que el sol empezara a declinar y a darnos una pausa. La llegada a Marines Viejo ofreció de nuevo un momento de descanso para reponernos antes de continuar con el último tramo del día, con 49 km ya en las piernas.

Dia 1-Tramo 4: Marines Viejo-Gátova

Los últimos 9 km fueron una auténtica tortura para mí. Mis pies no me daban tregua, y esto hacía realmente complicado dar un paso tras otro. Fui todo el tramo descolgado del grupo principal y si en algún momento enlazaba con ellos era simplemente porque paraban a esperarme. Al cabo de un trayecto que me pareció interminable y con algunos repechos que a mi por lo menos me parecieron considerables, llegamos al último tramo de unos 3 km por la carretera. La aparición ante nuestros ojos de Gátova fue como un oasis en el desierto y nos dio renovadas fuerzas para completar la jornada. A las 23:00, con dos horas de retraso sobre el horario previsto, entrabamos en el pueblo y de allí nos fuimos directamente a cenar.


58 km en una jornada son para celebrarlo, y eso hicimos durante la cena. Ambiente festivo y de alegría del que me costaba contagiarme simple y llanamente por puro agotamiento.
Tras la cena pudimos ir a un colegio que nos habían cedido para pasar la noche al ras. Es de agradecer que en las instalaciones tuvieramos agua caliente para poder ducharnos y de esta manera poder dormir algo más relajados.
Nuestro dormitorio fue el frontón del colegio, bajo las estrellas y en nuestros sacos de dormir. Sinceramente dormí como un bendito y tengo que decir que después de muchos años sin hacerlo, el dormir en el suelo, en un saco y sobre una esterilla no fue ningún problema para mí.

Día 2-Tramo 1: Gátova-Serra

Ya desde el primer momento Garrucho nos había advertido de que este tramo iba a ser el más complicado. 24 km sin ningún tipo de avituallamiento y bajo un calor que se suponía que iba a ser de justicia lo hacían como mínimo digno de mucho respeto.
Yo la noche anterior me había acostado con la duda de si continuaría o no, porque mis pies me decían que por ellos ya era suficiente.
Sin embargo por la mañana me encontré lo suficientemente recuperado como para por lo menos intentar cubrir esta primera etapa, y con ese ánimo empecé la jornada.
Tras el desayuno iniciamos la ruta hacia Serra, y ya en los primeros kilómetros fui consciente de que lo iba a pasar mal, muy mal.
No era capaz de seguir el ritmo de mis compañeros, y desde el tercer o cuarto kilómetro de ruta me encontré descolgado del grupo. Tampoco es que me importase demasiado, yo llevaba mi track grabado, mi mochila y mi bidón llenos de agua, el móvil a tope de batería y la confianza de que andando se hace camino. Por tramos en algún momento lograba enlazar con ellos de nuevo, aunque siempre volvía a quedarme ligeramente atrás, pero sin perder del todo el contacto visual.
Hasta que los perdí de vista. En algún momento del camino, no recuerdo exactamente en que kilómetro, mis pies empezaron a dar de nuevo señales de vida, tuve que aflojar el paso y los descensos eran una auténtica tortura. En el kilómetro 13 del tramo hicimos una pausa para almorzar, y allí logré contactar de nuevo con ellos.
Estuve comentando con Javi Garrucho una posible ruta alternativa para llegar a través de pista hasta Serra sin necesidad de tener que bajar hasta el barranco y atravesar la subida al Sierro que todavía teníamos por delante. Estaba convencido de hacerlo así, hasta que entre el descanso de la parada y una conversación con Loli por teléfono me cargaron de nuevo de energías y de moral para seguir la marcha.
Tras el almuerzo comencé con buen ritmo, en la cola del pelotón pero siguiendo su estela, hasta que finalmente los volví a perder de vista en torno al kilómetro 15. Aquí si que ya vi claro que iba a tener que acabar en solitario. La subida de la pista forestal que nos llevaba hacia el Sierro se me hizo eterna, los pies querían estallar dentro de mis zapatillas y alcanzado el kilómetro 18 aproximadamente, decidí dejar el track y continuar por esa pista forestal a buscar Serra por un camino más corto.
Tras dos kilómetros de pista sin señales de vida vi a un señor en su chalet con quien confirmé que esa pista llegaba hasta la carretera de Serra. El hombre, muy amablemente, me rellenó la mochila de agua y así confiado ya en no tener problemas de avituallamiento seguí mi camino.
Por teléfono ya contacté con Markolo para avisarle de que si llegaba el grupo les comentará que estaba bien y que llegaría por la carretera. Markolo se ofreció para venir a recogerme y así lo acordamos, cuando un poco después un coche paró a mi lado. Era el mismo señor del chalet en el que había preguntado por la ruta y me había dado agua para la mochila, que acompañado de su señora volvía para Serra. Me ofreció acercarme y sin dudarlo un segundo acepté.
Aquí terminó mi aventura en este Sendextrem 14, con unos 80 km en los pies y con la frustración de estar tan cerca y a la vez tan lejos de poder completarlo.


Ya para finalizar me gustaría repartir agradecimientos:

A mis compañeros de ruta. Ellos me han animado cuando me han visto sufrir, yo también he intentado animar cuando he podido, aunque me temo que no he sido una gran ayuda. En cualquier caso la experiencia vivida y compartida ha valido la pena. Y enhorabuena a los finishers. Lo que habéis hecho no está al alcance de cualquiera, podéis estar muy orgullosos.


A los voluntarios. No hay palabras para devolver el cariño y el apoyo que nos han ofrecido. Han excedido su misión con creces, haciendo toda esta experiencia mucho más llevadera. A todos ellos mi gratitud y reconocimiento a esa labor desinteresada que hicieron.

A mi familia, y especialmente a Loli. Ella ya sabe porque, y además porque mantuvo la fe en mi hasta el último momento.

Ahora sólo queda descansar. El próximo gran reto es el 26 de julio y hay que ir poniéndose las pilas.

Salu2.

lunes, 9 de junio de 2014

Run Like Hell. Trail El Rebollar 2014

2º Trail Requena El Rebollar
Este domingo 8 de junio de 2014 se ha celebrado la segunda edición del Trail de El Rebollar. Para mí se trataba de la primera vez que participaba en esta prueba, y la primera competición de montaña desde el K25, allá por el mes de noviembre de 2013...

La carrera tenía salida a las 8:30 desde el aeródromo de El Rebollar, una pequeña aldea situada en el término municipal de Requena, y para allí que nos fuimos los Run Mountain que estabamos inscritos en ella.

Tras las fotos de rigor y los intentos más o menos afortunados de calentar algo antes de iniciar la competición, nos situamos bajo el arco de salida y con la pasada de un ultra-ligero por encima nuestro se daba comienzo a la carrera.

Run Mountain en El Rebollar

Los dos primeros recorridos del trazado de esta prueba son completamente llanos, lo que permite ir templando las piernas antes de las primeras cuestas, en las que como suele ser habitual se generan los primeros tapones. Las primeras subidas no son demasiado duras hasta que aproximadamente en el km 4,5 nos enfrentamos a la primera verdadera dificultad.

Ya para estas alturas de la carrera yo empecé a sentir que mi auténtico problema en esta carrera no va a ser el trazado, rompepiernas pero no excesivamente exigente comparado con otros que ya hemos probado, ni la dificultad, ya que tramos de una elevada dificultad técnica no hay ninguno a lo largo del recorrido.

El verdadero problema va a ser el calor. Un calor asfixiante que nos va a acompañar hasta la llegada a meta, salvo en algunos trozos orientación norte con umbrías que son de agradecer, y en los que alguna vez he llegado a sentir la tentación de quedarme a refrescarme un rato.

Ya siguiendo con lo que es en si la carrera, sobre el km 8,5 llegamos a la cima de la misma, a unos 950 m de altura. Desde aquí, un descenso rápido y sinuoso nos lleva hasta el km 10 donde se dividen las pruebas de 20 y de 11 km, y desde donde volvemos a encarar una nueva subida no demasiado larga. Tras algún cresteo llegamos al km 12, donde se inicia una bajada bastante prolongada hasta el km 14,5 donde nos espera la subida más dura de toda la prueba, de algo más de 1 km de larga y una inclinación bastante acusada. O por lo menos eso me dicen mis piernas ya a estas alturas de carrera.


Llegados al final de esta empinada cuesta hay un prolongado tramo en llano con continuos sube-baja que hacen el correr poco fluido y poco confortable. Y un último repecho demoledor ya para las pocas energías que van quedando.

Finalmente, tras un último descenso, se inicia el último tramo de aproximadamente 1,5 km de largo que es un continuo subir y subir por una cuesta de aquellas que vistas en otras circunstancias no supondrían un mayor problema, pero que a estas alturas de carrera resulta agotadora y hace que parezca que nunca vas a alcanzar la línea de meta.

Pero como todo en esta vida, al final se acaba, y tras un giro a la izquierda allí estaba el arco de meta con mis infatigables compañeros esperando como siempre para animar en ese último esfuerzo que lleva a cruzar la meta.

Mi tiempo final es de 2:43:02, puesto 201 de la clasificación general (de 244 participantes) y 60 de mi categoría.


No es un buen tiempo, y deja en mí las siguientes sensaciones para esta semana que afrontaré el mayor reto de los que me he enfrentado en los últimos tiempos, el SendeXtrem 14:

- No se si estoy preparado para afrontar este desafío
- En cualquier caso las voy a pasar canutas

Ya para finalizar, y volviendo a la carrera de El Rebollar, destacar la buena organización de la carrera y una bolsa del corredor bastante decente para lo que estamos viendo últimamente, con productos de la tierra a los que espero rendir homenaje como se merecen.

Y como resumen final de la carrera, una sola palabra: calor. Ha sido el gran protagonista del día, y ha traido a mi cabeza el título de la canción de mis queridísimos Pink Floyd: Run like Hell


Salu2.